Espiritualidad del Movimiento de Vida Cristiana

El fundamento de la vida cristiana: la fe

La espiritualidad del MVC se funda en la fe de la Iglesia. Con la conciencia de que no basta con acogerla y adherirse a ella, sus miembros aspiran a vivirla con intensidad y a perseverar en ella, impulsados en todo por la gracia de Dios que suscita la fe, «que se adelanta y nos ayuda, juntamente con el auxilio interior del Espíritu Santo». Los emevecistas tienen la convicción de que es necesario dejarla crecer, permitiendo obrar al Espíritu Santo, que la perfecciona constantemente, al tiempo que así fortalecidos cooperan poniendo los medios a su alcance para responder al designio divino. Conscientes de la propia fragilidad y del don del Altísimo repiten desde lo hondo del corazón de cada cual: «¡Creo, Señor, pero aumenta mi fe!».

La fe compromete a la persona entera. Aunque la fe se expresa en nociones, es creer en la Verdad que Cristo nos revela, es también vida que invita no sólo a la experiencia vital de la fe, sino del amor. La vida cristiana es el desarrollo y maduración de la fe en Jesucristo, que nutre la esperanza y se hace plena en la caridad. Como todos los hijos de la Iglesia, los emevecistas están invitados a vivir la fe de manera coherente, en todas sus dimensiones:

fe en la mente, entendida como adhesión a la fe que la Iglesia profesa, que conlleva el compromiso por conocerla y profundizar en ella, así como la asimilación de los criterios evangélicos para juzgar las realidades según la mente de Cristo;

fe en el corazón, que lleva a amar al Señor buscando adherirse a Él y acoger sus enseñanzas, obedeciendo amorosamente a lo que Él ha dicho, como cuando desde lo alto de la Cruz, en el Altar del Gólgota, invita a recorrer el camino del amor filial a María. Ella a su vez nos dice como a los servidores en Caná: «¡Haced lo que él os diga!»;

fe en la acción, expresada en el seguimiento concreto del Señor, en la propia vida, en el apostolado y en el servicio solidario, buscando que la fe con que cada quien ha sido bendecido dé frutos en la vida cotidiana, pues «la fe, si no tiene obras, está realmente muerta».

El MVC aspira ser una comunidad fundada en la fe, la misma fe de los Apóstoles, la fe que el pueblo cristiano entero, unido a sus Pastores presididos por el Sumo Pontífice, busca conservar, practicar y profesar. La vocación apostólica del Movimiento lleva a sus miembros a compartir el don de la fe que gratuitamente han recibido. Los emevecistas están convencidos de que la fe se fortalece compartiéndola. Ven en la Inmaculada Virgen María el modelo de apertura al don de la fe y de fidelidad a su dinamismo.

Espiritualidad trinitaria

La espiritualidad del MVC es eminentemente trinitaria. Como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, «Dios es único pero no solitario». Por la fe sabemos que Dios se ha revelado en el Señor Jesús como Comunión de Amor. «En la irrupción del Verbo Eterno en la historia humana, a través de la puerta de la Anunciación-Encarnación, tenemos el acontecimiento central de la manifestación del misterio de Dios Comunión de Amor que quiere reconciliar a los hombres consigo».

El ser humano descubre en lo profundo de su ser una nostalgia de reconciliación que expresa el anhelo de la comunión con la Santísima Trinidad perdida por el pecado original. El Plan de Dios contiene una invitación a participar de la Comunión Divina de Amor. Y por la fe sabemos que Dios tiene un camino pedagógico para ir encaminando al ser humano a la participación en la Comunión Divina.

En el Señor Jesús, mediador y plenitud de toda revelación, se nos ha manifestado que la Trinidad es una Comunión creadora y reconciliadora. Luis Fernando, destacando la centralidad de este misterio, señala: «A la así como la necesaria dimensión comunicativa de los bienes, ante todo los personales, los talentos que el Señor nos ha concedido; y también, obviamente, los bienes perecederos».

El ser humano debía realizarse como imagen creada de Dios, reflejando en su vida y acción el misterio divino de comunión, así como plasmando este dinamismounión en su convivencia con sus hermanos, y en la acción transformadora sobre el mundo. En el Señor Jesús descubre el camino para vivir esta vocación. De esta forma encuentra la manera de dar gloria a Dios y participar de la comunión de la Santísima Trinidad. Como comunidad eclesial, el MVC descubre que está llamado a ser un espacio de encuentro con Dios, Comunión de Amor, a través de la conformación con el Señor Jesús.

Espiritualidad cristocéntrica

Con los ojos de la fe los miembros del MVC acogen con reverencia y sobrecogimiento el acontecimiento central de la historia: la Encarnación del Verbo Eterno en el seno virginal de María Inmaculada para redención y reconciliación de la humanidad. La espiritualidad del MVC tiene como centro al Señor Jesús. En Él nos es revelada la verdad sobre Dios Padre. Y en Él se nos ofrecen las respuestas para los anhelos más profundos del ser humano, puesto que en Él se esclarece el misterio de su existencia. Como enseña la Gaudium et spes, «Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación». Él, que es el Camino, la Verdad y la Vida, es el fundamento de nuestra existencia.

El MVC tiene una especial sensibilidad frente al gran misterio de la Encarnación y a la luz que proye