Papa Benedicto XVI presidió solemne celebración Eucarística de Pentecostés
Roma, 5 (NE – eclesiales.org) El Papa Benedicto XVI presidió ayer en la Plaza San Pedro la solemne celebración Eucarística de Pentecostés, recordando la acción del Espíritu Santo sobre la Iglesia. Delegaciones de Movimientos Eclesiales y Nuevas Comunidades que participaron el día sábado en el gran encuentro con el Santo Padre estuvieron presentes en la Misa. Entre las delegaciones se encontraba la del Movimiento de Vida Cristiana, cuyos miembros han peregrinado a Roma con esta ocasión.
“En el día de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió con potencia sobre los apóstoles; de este modo comenzó la misión de la Iglesia en el mundo”, recordó el Papa durante su homilía. En sus palabras el Pontífice señaló que a veces se piensa que la eficacia misionera de la Iglesia “depende principalmente de una programación atenta y de su sucesiva aplicación inteligente a través de un compromiso concreto. Ciertamente el Señor pide nuestra colaboración, pero antes de cualquier otra repuesta se necesita su iniciativa: su Espíritu es el verdadero protagonista de la Iglesia. Las raíces de nuestro ser y de nuestro actuar están en el silencio sabio y providente de Dios”.
“Este es el misterio de Pentecostés –explicó el Papa-: el Espíritu Santo ilumina el espíritu humano y, al revelar a Cristo crucificado y resucitado, indica el camino para hacerse más semejantes a Él, es decir, ser expresión e instrumento del amor que proviene de Él”. “Reunida junto a María, como en su nacimiento, la Iglesia hoy implora: ‘Veni Sancte Spiritus!' – ‘¡Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos fel fuego de tu amor!'”, enfatizó.
Al concluir la celebración Eucarística el Papa Benedicto XVI presidió el rezo del Regina Caeli. Antes de la oración mariana, el Pontífice dirigió unas palabras a las decenas de miles de miembros de movimientos eclesiales presentes en la Plaza.
“Entre las realidades suscitadas por el Espíritu en la Iglesia están los movimientos y las comunidades eclesiales, con los que ayer tuve la alegría de reunirme en esta Plaza, en un gran encuentro mundial. Toda la Iglesia, como le gustaba decir al Papa Juan Pablo II, es un único y gran movimiento, animado por el Espíritu Santo, un río que atraviesa la historia para regarla con la gracia de Dios y hacer que sea fecunda de vida, de bondad, de belleza, de justicia y de paz”, destacó.